Las fobias, a pesar de no tratarse de un trastorno psiquiátrico grave, son un trastorno psicológico con mucha repercusión negativa en la vida diaria de la persona.
El manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) define una fobia como “un temor acusado y persistente que es excesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”. Se trata de la exageración de una experiencia común a todos los seres humanos, el miedo, con la diferencia de que el miedo nos prepara y ayuda a protegernos de situaciones de peligro real o imaginario (por ejemplo, al ver una película de terror), y las fobias hacen referencia a un hipotético peligro interno, irracional, intenso e incontrolable que bloquea el desarrollo de la existencia de la persona, ya que no protege, sino que limita, pudiendo llegar a afectar a la relación con su entorno y con sus seres queridos.
La persona que padece alguna fobia, describe la situación o estímulo fóbico con mucha angustia. La reacción más frecuente de estas personas para rebajar dicha angustia es la de evitar los estímulos fóbicos. Por lo tanto, uno de los síntomas comunes a estas personas es, la evitación. Pero dicha conducta evitativa no es controlable a priori por la persona, sino todo lo contrario, lo que afecta a su bienestar personal, social, familiar, laboral… pudiendo desarrollar incluso otro tipo de problemáticas, como puede ser la depresión. También es importante tener en cuenta alguno de los síntomas físicos que pueden experimentarse: tensión muscular, sudoración, palpitaciones, mareos, falta de aire, sentirse inquieto, alteraciones del sueño, irritabilidad…